12 consejos de Gabriel García Márquez para noveles escritores

No hay mejor forma de ser un buen escritor -o por lo menos uno aceptable- que leyendo a los grandes autores. No por nada son los mejores.

“Escribe una sinopsis o lista de los eventos que conforman tu narración en orden cronológico”, aconsejaba el príncipe oscuro y barroco de las letras del siglo XX, H.P. Lovecraft, quien escribió numerosos textos sobre el acto mismo de escribir.

Como él, otros autores también han intentado aconsejar a los escritores noveles.

Es el caso del Premio Nobel de Literatura (1982), Gabriel García Márquez.

El escritor, periodista y guionista colombiano, que decía encontrar inspiración para el realismo mágico en los cuentos y leyendas que le contaba su abuela cuando niño, esbozó a lo largo de varios escritos, cursos y entrevistas los puntos que consideraba más importantes de desarrollar en la carrera de un escritor.

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He aquí doce consejos de este soñador empedernido, periodista ávido, lector voraz, políticamente incorrecto y siempre cercano a la realidad latinoamericana, que seguro te serán muy útiles:

1. Una cosa es una historia larga, y otra, una historia alargada.

2. Un escritor puede escribir lo que le de la gana siempre que sea capaz de hacerlo creer.

3. No creo en el mito romántico de que el escritor debe pasar hambre, debe estar jodido, para producir.

4. Es más fácil atrapar un conejo que un lector.

5. El final de un reportaje hay que escribirlo cuando vas por la mitad.

6. Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad.

7. Cuando uno se aburre escribiendo, el lector se aburre leyendo.

8. No debemos obligar al lector a leer una frase de nuevo.

9. El autor recuerda más cómo termina un artículo que cómo empieza.

10. Se escribe mejor habiendo comido bien y con una máquina eléctrica.

11. El deber revolucionario de un escritor es escribir bien.

12. Durante mucho tiempo me aterró la página en blanco. La veía y vomitaba. Pero un día leí lo mejor que se escribió sobre ese síndrome. Su autor fue Hemingway. Dice que hay que empezar, y escribir, y escribir, hasta que de pronto uno siente que las cosas salen solas, como si alguien te las dictara al oído, o como si el que las escribe fuera otro. Tiene razón: es un momento sublime.

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