La novela del petróleo, una mirada a las obras que abordan el auge petrolero en Venezuela

La explotación petrolera marcó un antes y un después en la historia de Venezuela. Si bien los extranjeros no fueron los primeros en descubrir y explotar el mene, lo cierto es que su llegada trajo consigo un cambio significativo de orden social, económico y político, lo que abrió el debate sobre el papel central del petróleo e inevitablemente hizo surgir la tendencia a escribir sobre el oro negro y su explotación.

Muchos escritores expusieron a través de sus novelas su opinión critica al respecto de la situación que se vivía, y así se concibió la llamada «Novela del petróleo». No existe, sin embargo, una novelística del petróleo propiamente dicha, pues, son realmente pocas las obras que abordan como tema central el petróleo a pesar de que las actividades petroleras son elementos significativo en la economía y la vida general de varios países hispanoamericanos. Lo que sí existe son novelas que hacen referencia —en mayor o menor medida— al tema del petróleo. La mayoría relatan los primeros momentos del auge petrolero y/o contrastan el ambiente tradicional y el nuevo estado de cosas después del “surgimiento inesperado”.

Lilia (Caracas, 1909), de Ramón Ayala, escrita cinco años antes de la explotación del Zumaque I, en el estado Zulia; Elvia (Caracas, 1912), de Daniel Rojas, que narra los comienzos de la explotación petrolera y sus negocios turbios; y Tierra del sol amada (Caracas, 1918), que alude a los efectos transformadores de la invasión exploradora en territorios poblados por indígenas, quienes se ven obligados a alejarse de sus tierras, son algunas de las obras que conforman lo que se conoce como la novelística del petróleo.

Se incluye también La bella y la fiera (Madrid, 1931), de Rufino Blanco Fombona, en donde se critica el vínculo existente entre Juan Vicente Gómez y las compañías petroleras; Cubagua (París, 1931), de Enrique Bernardo Núñez, donde se habla de la supuesta prosperidad que traería consigo la explotación petrolera en medio de aquel ambiente transformado, confuso y agitado; y Odisea de tierra firme (Madrid, 1931), de Mariano Picón Salas, en donde se denuncia cómo los “yanquis” entraron a Venezuela en plan de dominadores gracias al general Gómez, con base al hecho histórico de que en el curso de la dictadura del déspota andino fueron entregadas las riquezas petroleras nacionales a los “imperialistas del Norte”.

El señor Rasvel (Caracas, 1934), de Miguel Toro Ramírez, donde los negocios turbios suben de tono y de cifras en el conjunto de artificios y engañifas financieras y rentales que se agita; Macha de aceite (Bogotá, 1935), de César Uribe Piedrahita, se concentra en hacer una crónica de la vida en los campos petroleros; Remolino (Carúpano, 1940), de Ramón Carrera Obando, presenta la nueva descomposición total provocada por el petróleo; y Casandra (Caracas, 1957), de Ramón Díaz Sánchez, donde la atención está centrada principalmente en las exoneraciones de aduana para las compañías petroleras, la complicidad de abogados y jueves, y los sobornos a los jefes civiles.

Los Riberas (Caracas-Madrid, 1957), de Mario Briceño Iragorry, la cual revela al detalle el caso del abogado auspiciador, cómplice de las compañías; Talud derrumbado (Caracas, 1961), de Arturo Croce, que alude a los efectos transformadores del petróleo y La casa de los Abila (Caracas, 1946), de José Rafael Pocaterra, en donde el problema petrolero no toma parte en la novela; sólo surge, por la vía indirecta, un aspecto elemental del asunto, no enjuiciado ni cuestionado.

Clamor campesino (Caracas, 1944), de Julián Padrón, donde se presentan aspectos de la vida de los monaguenses relacionadas con la presencia de los campos petroleros cercanos y Campo Sur (Caracas, 1960), de Efraín Subero, en la que se presentan las diferencias radicales existentes entre el campo de los extranjeros y los empleados criollos y el campo de los obreros, separados por cercas de hilos metálicos y de prejuicios.

Completan este corpus novelesco: Sobre la misma tierra (Barcelona, España, 1943), de Rómulo Gallegos, donde destacan la discriminación labora, los negocios turbios de las Compañías y la coexistencia próxima de la riqueza y la pobreza en el mismo suelo y Guachimanes (Santiago de Chile, 1954), de Gabriel Bracho Montiel, en cuyas páginas se alude a la alianza entre las empresas imperialistas y la dictadura imperante, la apropiación extranjera de los recursos petroleros y el procedimiento de despojo.

Oficina N° 1 (Caracas, 1961), de Miguel Otero Silva, en la que se hace referencia a la complicidad interna, al abuso de autoridad, y la actitud condenatoria del despojo se acentúa; y Mene (Caracas, 1936), de Ramón Díaz Sánchez, donde se hace énfasis en el cambio en el orden material y espiritual de las cosas, la alteración del ritmo de vida de Cabimas y Lagunillas, la discriminación, los negocios turbios, entre otros.

Tuve la oportunidad de leer las últimas cuatro, y valió la pena cada minuto invertido en sus lecturas. Lamentablemente, adquirir estas novelas no es una tarea fácil. A pesar de su relevancia para la literatura y la historia de Venezuela por la temática que abordan, son pocas las que aún pueden encontrarse en las librerías del país; la mayoría a precios excesivos. La razón principal es que han dejado de editarse. Novelas como Mancha de aceite (1935), de César Uribe Piedrahita, por ejemplo, prácticamente solo se encuentran disponible en algunas bibiotecas públicas del país. Así que si en algún momento tienes la oportunidad de hacerte con un ejemplar de alguna de las novelas mencionadas no dejes escapar la oportunidad de adquirirlas, su lectura será más que grata.

2 pensamientos sobre “La novela del petróleo, una mirada a las obras que abordan el auge petrolero en Venezuela

  1. Hola, estoy actualmente investigando sobre la novela del petróleo. Me gustaría tu opinión acerca de las obras de César Rengifo. Escribió 4 obras alusivas al tema pero no lo veo reseñado en los artículos que tratan el tema y analizan a estos autores. Gracias

    1. Hola, Carolina. Creo que la razón es que Rengifo escribió obras dramáticas no narrativa como los autores que menciono en el post. Siendo sincera, no he leído su llamada tetralogía del petróleo, pero he conseguido estos artículos publicados en Correo del Orinoco que quizá te sirvan:

      * Tetralogía del petróleo fue presentada por Monte Ávila Edirores|Recopilación de obras de César Rengifo incluye tres piezas que nunca se han montado: http://www.correodelorinoco.gob.ve/recopilacion-obras-cesar-rengifo-incluye-tres-piezas-que-nunca-se-han-montado/

      * El tema del petróleo fue abordado por el artista en cuatro piezas|César Rengifo retrató en su obra la visión del pueblo en la transición a la era petrolera: http://www.correodelorinoco.gob.ve/cesar-rengifo-retrato-su-obra-vision-pueblo-transicion-a-era-petrolera/

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