Facilidad del verbo

 

Inhala… exhala…

No puedo negar, ni con toda la convicción de la cual soy capaz, que comunicarnos es sencillamente fácil, tanto como respirar. Todos los días (sin distinción de género, raza, edad, nivel económico o, para desgracia de algunos, capacidad cognitiva) las personas se comunican y mantienen un constante atropello de palabras sin miramiento alguno. Conmociones verbales martillean el aire en todo lugar en que por lo menos dos lenguas de la misma maternidad lingüística se encuentren. En la cotidianidad del habla, corriendo por la calle y montándose en autobuses, la palabra adquiere la sencillez del aire, la transparencia y simplicidad del viento; terminamos, pues, dándole al lenguaje un carácter mundano, ordinario. Es, sin la menor duda, como respirar.

Quienes contemplamos el habla como una construcción subjetiva del mundo, como un instrumento que es a la vez prolongación y representación del hablante, como un privilegio que se sensibiliza y reforma en la mano individual o en la lengua propia, sabemos que respirar es más de inhalar y exhalar; aun así, para muchos, abrir la boca es tan natural como convertir el oxígeno en dióxido de carbono. Claro está que si es facilísimo respirar (muy odioso superlativo), los que nos sentamos a observar cómo circula el aire desempeñamos una tarea prácticamente inútil, ¿para qué estudiar o profundizar en algo tan fácil como respirar?

No me es grato y nunca me lo será (sopeso estas palabras y sé perfectamente cuán fuerte debe sonar el marcador de negación “no” y ese simpático y tajante complemento circunstancial de tiempo) la frase que con tanta seguridad se repite por doquier, que golpea tanto mi condición académica como al lenguaje mismo, que simplifica años de mutación, evolución y perfeccionamiento lingüístico, frase que muy personalmente me ofende no por su contenido semántico sino por la seguridad y competencia verbal de quienes la pregonan sin siquiera tomarse el tiempo de un superficial análisis de efecto al pronunciarla: el castellano es fácil… se me antoja, queriendo entenderlos, que es tan fácil como respirar.

Teniendo total conciencia de la palabra, de lo que genera, vale y conforma, respirar es para mí un proceso en el que muchos se ven afectados por el asma. Es fácil, casi como respirar; pero poseer pulmones fuertes y completos (lengua, labios, cuerdas bocales…) no asegura que se respire adecuadamente. No se me hace extraño escuchar “el castellano es fácil” generarse en bocas de tono gangoso, en labios de escaso repertorio lingüístico, en paladares que saborean con tanto aplomo la nefasta máxima que no queda lugar para términos de amplitud o profundidad, en deformadores textuales de sus mismas ideas. Si lo que decimos, y cómo lo decimos, es una representación de nuestra psique y del percibir propio del mundo en su totalidad, al transpolarlo a la metáfora del inhalar y exhalar, no me queda más que decir, o mejor dicho, que soltar con el más malicioso y lánguido suspiro, que muchos de los que consideran al castellano y su estudio algo fácil tienen bronquitis.

Es un trabajo verdaderamente complejo el que el lenguaje provee. Estudios que van mucho más allá de leer y escribir. Desde la forma hasta la técnica, pasando por teoría y escuelas, por campos de estudio de intrincado manejo, por infinidad de formas y sustancias de la cual se sirve y se apropia la palabra, se introduce el investigador (en mi caso estudiante) en lo que se empeñan en llamar “una cosa fácil, sencilla.”

Sin duda, no puedo negarlo, es fácil el castellano. Es muy fácil, poca cosa. Es como respirar, teniendo en cuenta la cantidad exacta de aire que se inhala y a qué rapidez se llenan los pulmones, qué cantidad de aire estos soportan y cómo se distribuye el oxígeno en el cuerpo, cómo los bronquios suenan si se quisieran fonos y qué tan necesario para el cerebro es oxigenarse con la palabra clara y pura. Es fácil, verdaderamente. Recomiendo, queriendo resguardar el bienestar colectivo y la vital relevancia de mi área de conocimiento, que si es de su gusto dar al castellano y a su estudio la sencillez del respirar sería conveniente para usted llevar en todo momento un tanque de oxigeno o, en su defecto, un diccionario.

Creador de mundos ficticios y criaturas en desnivel. Estudiante de Educación, mención Castellano y Literatura.

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