Campo santo

Gases noble, rueguen por ellos. Invertebrados, mamíferos, reptiles…, rueguen por ellos. Pasivos y capital, rueguen por ellos.  Vectores paralelos, rueguen por ellos. Do and did, rueguen por ellos. Ecuaciones y despejes, rueguen por ellos. Laboratorios y talleres, rueguen por ellos. Que las mentes perdidas, las enclenques y pobremente armadas, encuentren descanso eterno en el pacífico sepulcro de verbos regulares. Dales, señor del escape oportuno y la vía más llana, sitio tranquilo en los campos de las conjugaciones en primera persona. Permite, madre misericordiosa y gramatical, que la caligrafía baste para concederles el lugar que ilusoriamente anhelan. Hermanos conocedores del trabajo educativo y las labores literarias y lingüísticas, oremos por las psiques perdidas que en su éxodo han encontrado su edén de facilidad, su sencillo nirvana, el paraíso gráfico que tan unidimensional perciben…

Con los rituales realizados (aquellos que básicamente consisten en ingresar a algún instituto universitario y no conseguir aprobar al menos dos materias de un segundo nivel), acompañado de un desfallecimiento de ánimo, es simple terminar encontrando el camino al descanso infinito: el castellano.

No existe camino más sólido que el de la fe. Confiando en esto, y creyendo ciegamente en las habilidades psicolingüísticas y en el manejo bueno (casi mediocre) del leguaje, cualquier individuo puede salvar su alma académica si se entrega por completo a machucar infructíferamente la conjugación en primera persona del verbo resucitar. En el nombre del verso, del relato y del escueto ensayo, innumerables son los cuerpos descompuestos, los cadáveres cognitivos, que se tambalean dudosamente hasta llegar a nuestra tierra poblada de, según los fallecidos, “hermosos poemas y muy buenos cuentos”.

Tomando a uno de estos recientes beatificados, se puede considerar desfavorable una vida universitaria (cinco años en condiciones normales), y hasta un poco más, en constante penitencia. Habitando un purgatorio impuesto por elección propia, se pueden ver las míseras almas vagar por edificios, talleres, laboratorios, pasillos, aulas… se pueden ver los espectros lamentándose sin descanso de lo complejo del verbo to be, penar por la enorme dificultad que acarrea la identificación de células a través del microscopio, gemir inconteniblemente ante los registros contables que se muestran indescifrables. Mas, todo dolor y sufrimiento acaba si se cree; toda desesperanza y martirio termina con la buena caligrafía y la lectura recurrente de lo novedoso; todo valle de sombras enmarañadas e inentendibles desaparece con el purísimo cordero castellanizado…

Convenciéndose de haber encontrado la salvación eterna, sigue el bautismo. Se realiza el cambio administrativo y, como en toda religión se exige, se enaltece sin miramiento alguno a la deidad glorificada: se elige un autor al que rezar, citar e idolatrar; se compra cualquier libro que ayude a engrosar las filas de la estantería, perdiéndolo de vista casi de inmediato; se acompaña una lectura esporádica con café, un cigallo o música instrumental; y, si es el fervor una característica constante del creyente, se escribe indiscriminadamente del amor, del despecho, del gato junto a la luna, de la poesía, el sentimiento y la emoción humana simplificada.

Bajan de la cruz, de su bien lograda posición, Saussure y Chomsky para darle la bienvenida a los recién llegados. La santísima RAE se impone ante todos y cada nueva palabra que aprenden es validada por ella. Al cuello se llevan los términos más rebuscados, rosario que permite convertir a ilusos cercanos. Cumplen cualquier penitencia (fonética, morfológica, gramatical, de estructura, forma, contenido…) para  permitirse decir, llenando sus inmerecidas bocas, la tan gastada y nada convincente frase “me gusta la literatura”, equivalente inequívoco de “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”.

Bienvenidas todas las almas, una vela a cada una de ellas (sin querer arder como Sodoma). Bienvenidos todos los exhaustos cráneos, una lágrima por cada uno de ellos (sin querer dar trabajo a un posible Noé lingüístico). Bienvenido todo incompetente, todo hablante mediocre, todo posible colega desdichado, frustrado; bienvenida toda ingenua criatura que cree conseguirá descanso y campos angélicos, todo despojo mental que contempla inexpresivo el valor textual, todo individuo lo suficientemente convencido de su fe en sí mismo. Bienvenido todo Adán que percibe falsamente su costilla gráfica y verbal, una manzana de realidad sea entregada a ellos en cada aula; sea la serpiente eficiente en su labor.

Amén.

Creador de mundos ficticios y criaturas en desnivel. Estudiante de Educación, mención Castellano y Literatura.

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